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Bodegas Caro: un poco de Francia en Argentina

Muy cerca de la ciudad de Mendoza hay una bodega a la que se puede describir como un assemblage o un blend de excepcionales características. Sí, un blend de culturas, de sueños, de fuerzas y hombres importantes de la vitivinicultura en el mundo. Será quizás por esta razón que sus dueños el Barón Eric de Rothschild, de Château Lafite, y Nicolás Catena apostaron principalmente por vinos  de corte. Vinos que reflejan esa unión y que enmarcan la elegante experiencia enoturística que pudimos disfrutar.

Salimos temprano en la mañana y ya a las 10:30hs. estábamos degustando vinos, esto es algo que suele suceder cuando se toma la grata decisión de hacer enoturismo en Mendoza. Nosotros comenzamos ese poco ortodoxo desayuno en Bodegas Caro, un establecimiento vitivinícola fundado en 1884 y cuidadosamente preservado.  

En Bodegas Caro la vie est belle. ¿Por qué? Porque es una bodega mágica ubicada en una zona urbana del departamento de Godoy Cruz. Su poder reside en transportarte a Francia mientras te congela en la historia de la provincia a través de sus cavas subterráneas. No por nada acaba de ganar el Premio Oro del Best of Mendoza´s Wine Tourism 2018 en la categoría de Arquitectura y Paisajes. Pero es mejor si comenzamos a describirte su belleza desde el principio del recorrido.

El ingreso a la bodega, como en un buen vino, es amable. De ensueño. Pisos de madera, sillas tapizadas de rojo, pequeñas mesitas redondas y unas lámparas que iluminarían aunque estuvieran apagadas, nos transportan a París. Y París se traslada a Mendoza, hasta esta antigua bodega donde se atendió cada detalle para preservar esa atmósfera sin tiempo.

Hacia un costado, en una gran barra, se exhiben sus exquisitos vinos; pero a ellos volveremos después. Primero hay que comenzar el recorrido por un espacioso salón con paredes de ladrillos apenas corroídos por el paso de los años. Esta galería está prácticamente vacía debido a que también sirve de sala de eventos. Esa decoración despojada de objetos guía nuestra vista a una misteriosa escalera de hierro en forma de espiral. Por aquí descenderemos al “cuarto de los sueños”.

LA CAVA

Con cada paso que damos mientras bajamos por la angosta escalera, la temperatura desciende y ese primer escalofrío que nos produce es rápidamente olvidado por la imagen que se presenta delante de nosotros. Lo hemos dado a llamar “el cuarto de los sueños” porque es realmente una imagen onírica y representa también el sueño del vino.

En esta cava subterránea y acunados por un ejército de barricas, descansan Aruma y Petit Caro, los vinos de entrada y reserva respectivamente. Levantamos la mirada y podemos observar el trabajo de conservación que se realizó para preservar la historia de tantos años. La mística es tal que nos recuerda a antiguas cavas europeas. De hecho, el mismo Barón Eric de Rothschild expresó en alguna de sus visitas anuales a la bodega que nunca se había sentido más en Francia fuera de ella que en este lugar.

Hacia el final se puede vislumbrar una pequeña puerta a la que ahora no se puede acceder pero que tal vez en un futuro nos lleve a recorrer más secretos. Giramos hacia un lado y encontramos otra entrada que nos conduce a una cava más pequeña donde cumple su tiempo de añejamiento Caro, el vino icono. En este lugar también se pueden realizar degustaciones.

LA DEGUSTACIÓN

“La elegancia no consiste en ser notado, sino en ser recordado”. Esta frase de Giorgio Armani que poco y mucho tiene que ver con el vino fue utilizada por María Eugenia Sánchez, responsable de turismo y nuestra guía a la hora de explicar las etiquetas que íbamos a degustar. Es que como todos saben hay mucho de subjetividad y abstracción a la hora de describir un vino, pero si tenemos que utilizar una palabra para definir los de Bodegas Caro seguramente muchos coincidirían en que esa palabra es “elegancia”.

La degustación consiste en una copa de cada una de sus tres etiquetas: Aruma malbec 2016, Petit Caro blend 2015 y Caro blend 2015; y la historia de sus orígenes. Si bien habíamos comentado al principio que tanto el Barón y los Catena decidieron inclinarse por los cortes, elaborar solo blend en una tierra donde se producen las condiciones necesarias para obtener grandes malbec, no tenía sentido. Por eso es que también se apostó por un vino 100% malbec en su línea de entrada y así destacar la personalidad del varietal y la experiencia de la familia argentina con esta cepa.

Finalmente, terminar este recorrido por la bodega degustando todo el portfolio en una atmósfera parisina, fue un claro ejemplo que la elegancia recae en ser recordado. ¿Cómo olvidar una visita a Bodegas Caro?

 

Jésica Vargas – Winemap Mendoza